Hola a todos.
Esta semana he visitado a mi adorado cirujano plástico y a las doctoras de la Unidad de Patología de Mama.
Y yo he tenido un montón de visitas que me han visitado. Todas encantadoras, reconfortantes, deseadas y disfrutadas. Bueno, las visitas y sus presentes, que si trufas y bilbainitos, que si brownies de chocolate recién hechos, que si bizcocho de naranja y caldo casero (de dos autoras diferentes)... Me temo que eso de que tenía poca tripa están intentando arreglarlo a marchas forzadas. No sé si se arreglará, pero si se que estoy desayunando, merendando y dándome caprichos a cuerpo de reina. Gracias, gracias, gracias.... Eso, sin mencionar el vermouth que me supo a gloria el otro día.
Ya doy paseos cortos, he aprovechado cada vez que ha salido el sol durante el fin de semana. Se agradece disfrutar de la luz y de la vida.
A lo que vamos, las visitas de mis médicos. Antonio (alias Mr. Whooper, el niño de la hamburguesa, el super-dios y según mi cirujana "el hombre más buscado del hospital") me dijo que todo va muy bien. Le comenté que al enchufarme me había dejado un cable suelto que chisporroteaba... intentaba explicarle un punto que siempre me duele bastante y con las últimas lluvias me daba buenos pinchazos. Eso si, cuando me pasó eso con la pierna me fui a urgencias la primera vez porque el dolor es intenso... esta vez -creo que también pasa con los hijos- me tomé un ibuprofeno a ver si remitía el dolor, como era así pensé "cosa del tiempo". Si el dolor arreciaba, Nolotil. Funcionaba. Nada de lo que preocuparse realmente. Pero es que duele como... de hueso.
Y si señores, la experiencia es un grado, resulta que me han rebajado una costilla un par de centímetros para sacar por ahí un "vaya-usted-a-saber-el-nombre-técnico". Así que hay hueso y cartílago tocado... si ya decía yo.
Resumen de la visita: voy estupendamente. Nada de lo que preocuparse. Me tira mucho la piel y sigo encorvada porque soy una mujer "magra, con poca barriga, muy bien cuidada" (¡qué cosas más bonicas me dices, galán! le solté y él se rió) y les costó bastante cerrarme. Me temo que lo de ser alta y delgada como mi madré, tralará, tralará... tiene sus inconvenientes alguna vez.
También me quitaron los puntos. Y menos mal que se vino Pedro que se los conoce todos y cada uno a fuerza de cuidarles porque la enfermera se dejaba uno (en la axila, bien escondido, eso si).
Y por último... me ha dado permiso para viajar. A Paradores, me ha dicho. Bueno, yo aspiro a algo más modesto. Aún lo estoy decidiendo, pero tal vez vaya alguno de estos días de Semana Santa - ¡¡¡cinco días seguidos sin médicos!!!! - a León, que hace mucho que no disfruto de mis sobris.
Ayer, martes 26, tuve consulta con la doctora de la UPM. Después de dos horas de espera (habían citado por teléfono a la gente y más de uno estábamos a la misma hora, todo un ejemplo de desorganización) me empieza a leer los resultados.
Que el tumor tenía cuatro centímetros, que sólo uno de los diez ganglios que me quitaron estaba infectado... que estoy al límite para que me den radioterapia o no.
Que los resultados del análisis inmunohistoquímico me son muy favorables. Pero que soy joven (y guapa, añado yo para mis adentros, dado que mi abuela no ha venido) y eso me pone en el límite de darme quimio.
Que bueno, que sería una pena no darme quimio para rematar la faena (os podéis imaginar hasta dónde tenía yo abiertos los ojos) pero que vaya, que en definitiva, que pida hora con el oncólogo que él me dirá qué van a hacer.
Resumen de la visita: cuatro horas para leerme los resultados -que por otra parte ya sabía- y dejarme con una sensación de indefinición total.
Tengo hora con el oncólogo el lunes a las nueve. Toca esperar hasta entonces.
La verdad es que despues de esa consulta, lo único que pensaba era "OTRO AÑITO EN EL INFIERNO" (se nota que soy del Atleti, eh? Espero no parecerme al Mono Burgos, jajaja). No me preocupaban ni los efectos secundarios, ni la pesadez del tratamiento... simplemente se me desparramó un año entero otra vez sin poder hacer vida normal, limitada por mis problemas físicos, encima del año anterior que he pasado con la pierna y durante un rato fue una carga difícil de llevar.
Afortunadamente, lloré un rato, me quejé amargamente y por la noche ya estaba como nueva. No hay nada que unas lágrimas a tiempo no solucionen. Una vez reseteada, ya puedo seguir con la sonrisa puesta (lo se, lo se, me favorece un montón... gracias, gracias, jajajaja), la cabeza alta y los ánimos en la cabeza y en el corazón.
Resumen: que soy alta y delgada, joven y guapa y afortunada por teneros a todos a mi alrededor enviándome cariño y fuerza.
Esta semana he visitado a mi adorado cirujano plástico y a las doctoras de la Unidad de Patología de Mama.
Y yo he tenido un montón de visitas que me han visitado. Todas encantadoras, reconfortantes, deseadas y disfrutadas. Bueno, las visitas y sus presentes, que si trufas y bilbainitos, que si brownies de chocolate recién hechos, que si bizcocho de naranja y caldo casero (de dos autoras diferentes)... Me temo que eso de que tenía poca tripa están intentando arreglarlo a marchas forzadas. No sé si se arreglará, pero si se que estoy desayunando, merendando y dándome caprichos a cuerpo de reina. Gracias, gracias, gracias.... Eso, sin mencionar el vermouth que me supo a gloria el otro día.
Ya doy paseos cortos, he aprovechado cada vez que ha salido el sol durante el fin de semana. Se agradece disfrutar de la luz y de la vida.
A lo que vamos, las visitas de mis médicos. Antonio (alias Mr. Whooper, el niño de la hamburguesa, el super-dios y según mi cirujana "el hombre más buscado del hospital") me dijo que todo va muy bien. Le comenté que al enchufarme me había dejado un cable suelto que chisporroteaba... intentaba explicarle un punto que siempre me duele bastante y con las últimas lluvias me daba buenos pinchazos. Eso si, cuando me pasó eso con la pierna me fui a urgencias la primera vez porque el dolor es intenso... esta vez -creo que también pasa con los hijos- me tomé un ibuprofeno a ver si remitía el dolor, como era así pensé "cosa del tiempo". Si el dolor arreciaba, Nolotil. Funcionaba. Nada de lo que preocuparse realmente. Pero es que duele como... de hueso.
Y si señores, la experiencia es un grado, resulta que me han rebajado una costilla un par de centímetros para sacar por ahí un "vaya-usted-a-saber-el-nombre-técnico". Así que hay hueso y cartílago tocado... si ya decía yo.
Resumen de la visita: voy estupendamente. Nada de lo que preocuparse. Me tira mucho la piel y sigo encorvada porque soy una mujer "magra, con poca barriga, muy bien cuidada" (¡qué cosas más bonicas me dices, galán! le solté y él se rió) y les costó bastante cerrarme. Me temo que lo de ser alta y delgada como mi madré, tralará, tralará... tiene sus inconvenientes alguna vez.
También me quitaron los puntos. Y menos mal que se vino Pedro que se los conoce todos y cada uno a fuerza de cuidarles porque la enfermera se dejaba uno (en la axila, bien escondido, eso si).
Y por último... me ha dado permiso para viajar. A Paradores, me ha dicho. Bueno, yo aspiro a algo más modesto. Aún lo estoy decidiendo, pero tal vez vaya alguno de estos días de Semana Santa - ¡¡¡cinco días seguidos sin médicos!!!! - a León, que hace mucho que no disfruto de mis sobris.
Ayer, martes 26, tuve consulta con la doctora de la UPM. Después de dos horas de espera (habían citado por teléfono a la gente y más de uno estábamos a la misma hora, todo un ejemplo de desorganización) me empieza a leer los resultados.
Que el tumor tenía cuatro centímetros, que sólo uno de los diez ganglios que me quitaron estaba infectado... que estoy al límite para que me den radioterapia o no.
Que los resultados del análisis inmunohistoquímico me son muy favorables. Pero que soy joven (y guapa, añado yo para mis adentros, dado que mi abuela no ha venido) y eso me pone en el límite de darme quimio.
Que bueno, que sería una pena no darme quimio para rematar la faena (os podéis imaginar hasta dónde tenía yo abiertos los ojos) pero que vaya, que en definitiva, que pida hora con el oncólogo que él me dirá qué van a hacer.
Resumen de la visita: cuatro horas para leerme los resultados -que por otra parte ya sabía- y dejarme con una sensación de indefinición total.
Tengo hora con el oncólogo el lunes a las nueve. Toca esperar hasta entonces.
La verdad es que despues de esa consulta, lo único que pensaba era "OTRO AÑITO EN EL INFIERNO" (se nota que soy del Atleti, eh? Espero no parecerme al Mono Burgos, jajaja). No me preocupaban ni los efectos secundarios, ni la pesadez del tratamiento... simplemente se me desparramó un año entero otra vez sin poder hacer vida normal, limitada por mis problemas físicos, encima del año anterior que he pasado con la pierna y durante un rato fue una carga difícil de llevar.
Afortunadamente, lloré un rato, me quejé amargamente y por la noche ya estaba como nueva. No hay nada que unas lágrimas a tiempo no solucionen. Una vez reseteada, ya puedo seguir con la sonrisa puesta (lo se, lo se, me favorece un montón... gracias, gracias, jajajaja), la cabeza alta y los ánimos en la cabeza y en el corazón.
Resumen: que soy alta y delgada, joven y guapa y afortunada por teneros a todos a mi alrededor enviándome cariño y fuerza.
¡OJ KIERO!